Adaptado de un artículo de Diane Balatero, Coordinadora de Desarrollo de la Misión, SMEIDFI, Filipinas
Las Hermanas del Buen Pastor y sus colaboradores misioneros están respondiendo con urgencia a la devastación generalizada causada por los huracanes Tino (Kalmaegi) y Uwan (Fung-wong), que recientemente azotaron varias regiones de Filipinas. Estas tormentas consecutivas afectaron a millones de personas, provocando inundaciones catastróficas, deslizamientos de tierra y una importante pérdida de vidas y bienes, impactando profundamente a las comunidades vulnerables a las que sirve el Buen Pastor.
El Huracán Tino tocó tierra el 2 de noviembre, afectando a aproximadamente 2,4 millones de personas y causando daños extensos, particularmente en Cebú. Días después, el supertifón Uwan azotó Luzón con vientos destructivos y lluvias torrenciales, desplazando a más de un millón de personas. El impacto combinado ha colapsado la infraestructura local, ha destruido miles de viviendas y trastornado el sustento de innumerables familias. El Gobierno declaró el estado de calamidad nacional para hacer frente a la crisis.
Las Comunidades apoyadas por las Hermanas del Buen Pastor se han visto gravemente afectadas. En Cebú, al menos 70 mujeres y sus familias que participan en el programa contra la Trata de Personas de Villa María Hermanas del Buen Pastor (VMGSSI) se han visto directamente afectadas por el Huracán Tino. Trágicamente, se han confirmado cinco fallecimientos entre estas familias, incluyendo un bebé de cuatro meses que fue arrastrado por las inundaciones, y más de 20 hogares han sufrido graves daños.
La tragedia se extiende a otra familia, donde cuatro de sus miembros han fallecido. La madre, quien participaba activamente en un grupo de mujeres organizado por VMGSSI, aún no ha sido enterrada, ya que su familia espera un espacio disponible en el cementerio público. Los cuerpos de su esposo y sus dos hijos, de 8 y 5 años, siguen desaparecidos tras ser arrastrados por la inundación. Los miembros de la Comunidad y las autoridades continúan la búsqueda de los familiares desaparecidos.
De igual manera, el Huracán Uwan ha dejado una estela de destrucción en Bicol, afectando gravemente viviendas, medios de subsistencia y el acceso a servicios esenciales. Good Shepherd Home Legazpi-Virac (GSHL-V), organización que lidera iniciativas de desarrollo comunitario en Catanduanes, reportó daños extensos en viviendas de las comunidades a las que sirve. El número exacto de hogares afectados aún se está verificando.
En la isla de Panay, una comunidad remota de Catanduanes, el suministro eléctrico continúa sin estar disponible al 12 de noviembre. Las familias que participan en los programas de sustento de GSHL-V han sufrido grandes pérdidas, no solo en sus hogares, sino también en sus principales fuentes de ingresos. Los barcos pesqueros quedaron destruidos y las granjas sufrieron graves daños. Para mantener una comunicación mínima, los residentes han instalado dos estaciones de carga con energía solar y combustible

Mientras tanto, Hablon Dawani, en la ciudad de Naga, Bicol, confirmó que alrededor de 20 familias de su Programa de Apoyo Educativo también se vieron afectadas por el Huracán.
En respuesta a las necesidades urgentes, nuestras Hermanas y aliadas en la misión han puesto en marcha operaciones de socorro inmediatas. Villa María Hermanas del Buen Pastor – VMGSSI- está brindando ayuda esencial a las familias afectadas a través de sus programas, mientras que otras organizaciones locales colaboran incansablemente para apoyar a las Comunidades en el difícil camino hacia la recuperación. Las necesidades inmediatas son inmensas, ya que muchas familias han perdido todas sus pertenencias, incluyendo útiles escolares esenciales para sus hijos, y ahora se enfrentan a la ardua tarea de reconstruir sus vidas desde cero.

En este contexto, la Sra. Diane Balatero, Coordinadora de Desarrollo de la Misión de SMEIDFI, habló de cómo: ''Han pasado tantas cosas y se ha perdido tanto — incluso vidas… pero no la esperanza. Los niños aún desean regresar a la escuela, las familias aún esperan reconstruir sus hogares, volver al trabajo, continuar con la vida. Nos unimos a ellos en este espíritu, con la convicción de que verdaderamente ‘la esperanza no defrauda’.''
Al comenzar el largo camino hacia la recuperación, mantenemos firme nuestro compromiso de apoyar a las personas más vulnerables, ofreciéndoles no solo ayuda material, sino también esperanza y compasión en estos tiempos devastadores.






