Celebrando 16 años de servicio: La Hna Winifred Doherty se jubila de la Oficina de BPIJP

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Por Liam Michael Quinn, Responsable de Comunicaciónes

Después de 16 años de servicio dedicado, el próximo mes la Hna. Winifred Doherty dejará su papel como Representante de la ONG Principal de la Oficina de Justicia y Paz del Buen Pastor ante las Naciones Unidas. Durante este mes de mayo, muchos eventos en persona y virtuales se han llevado a cabo a través de nuestra Congregación global para celebrar y dar gracias por sus notables logros.

La Oficina de Comunicaciones agradece a la Hna. Winifred por haberse tomado recientemente el tiempo de ser entrevistada, lo cual compartimos con ustedes aquí.

“La justicia es parte integrante de nuestra misión de reconciliación." (25º Capítulo Congregacional)

 

LMQ: ¿Qué significa para nosotros, como congregación religiosa, nuestro estatus consultivo especial ante el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas?

WD: Para mí, nuestra voz en las Naciones Unidas tiene sus raíces en mi forma de vivir y responder al Evangelio dentro de la historia evolutiva de la Iglesia y de las congregaciones religiosas a lo largo de mis 57 años de vida religiosa.

Cuando ingresé en Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en 1967, dos años después del Concilio Vaticano II, recuerdo que las primeras líneas del documento Gaudium and Spes me inspiraron y me interpelaron: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de este tiempo, especialmente de los pobres y de cuantos sufren, son los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo”.

El posterior Capítulo Congregacional de 1973, “vivamente conscientes de las obligaciones de dar testimonio en nuestras vidas de la justicia y de la auténtica pobreza” nos llamó a “trabajar por la reforma de las estructuras sociales, particularmente de aquellas que son deshumanizadoras”.

Esto se profundizó en 1985 en la Declaración sobre Justicia Social del 25º Capítulo Congregacional cuando se nos “instó a nuevas respuestas en relación con la Justicia Social... y a participar en acciones y organizaciones que favorezcan la justicia social de acuerdo con la orientación de la Iglesia y de la Congregación”.

Creo que este fue el nacimiento de nuestro viaje, que culminó con la obtención del estatus consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas en 1996.

Por aquel entonces, yo era misionera en Addis Abeba, Etiopía, y me pidieron que representara a la Congregación en la Comisión Económica para África, que tiene su sede en Addis Abeba.

Al asumir el cargo de Representante Principal de las ONG en Nueva York en 2008, acuñé el término “Espacio del Evangelio” para expresar mis sentimientos de que la participación de las organizaciones confesionales y las congregaciones religiosas en las Naciones Unidas es importante porque la agenda diaria y anual gira en torno a las cuestiones que más preocupaban a Jesús: las personas que viven en la pobreza, el hambre, las personas que necesitan sanación y todos los marginados y excluidos, incluidas las niñas y las mujeres.

 

¿Y en qué se diferencia nuestra voz de la de otras organizaciones y congregaciones?

Nuestro carisma es uno de los muchos carismas únicos que encuentran expresión en la Iglesia. Creo que llevamos la compasión y la “vida en abundancia” que Jesús ofreció a niñas, mujeres y niños.

Puede que esto no sea único hoy en día en un mundo feminista - en un mundo que aboga activamente por la igualdad de género y el empoderamiento de niñas y mujeres. Pero hay una faceta de este ministerio generalizado y de la defensa de la igualdad de género que es única y que tiene su origen en San Juan Eudes cuando Madeleine Lamy le preguntó qué estaba haciendo por las mujeres en situación de prostitución.

Este es el reto, tan real hoy en el siglo XXI como lo era en el siglo XVII. Las niñas y las mujeres son degradadas, menospreciadas, desempoderadas y violadas en un sistema que aprueba la compra de sexo y trata de legalizar el “comercio sexual” y la explotación sexual comercial de niñas y mujeres.

Mientras que nuestros ministerios y redes mundiales proporcionan concienciación y servicios, para prevenir y proteger, nuestra posición de defensa debe dirigirse específicamente a todos aquellos que tratan de explotar sexualmente a otra persona. El ‘trabajo sexual’ no es un trabajo decente, sino violencia perpetrada sobre todo contra las personas que viven en la pobreza y los marginados.

Estar presente en las Naciones Unidas permite a la Congregación colaborar con organizaciones afines para cambiar este atroz delito.

 

¿De qué logros se siente más orgulloso?

Desde que se creó la Oficina hace 28 años, nos hemos dado a conocer por nuestra posición y trayectoria a la hora de abordar las injusticias que sufren las niñas, las mujeres y los niños.

La vulnerabilidad a la explotación es consecuencia de la pobreza, por lo que nuestra persistente defensa de la aplicación de protecciones sociales universales para todos es simultánea a la erradicación de la violencia contra las mujeres. Son las dos caras de una misma moneda.

Nuestra labor de defensa ha contribuido a que esta cuestión figure ahora en todas las agendas de la ONU.

 

Mientras espera su jubilación, ¿qué acontecimientos memorables se llevará consigo?

Estos años como Representante de la ONG han sido un tiempo bendecido y privilegiado no exento de desafíos. Pero desempeñar este papel de liderazgo -no solo dentro de la Congregación, sino también en diversos comités y coaliciones de ONG- ha sido inmensamente gratificante.

Algunos de los muchos acontecimientos memorables incluyen las visitas a la ONU del Papa Benedicto en abril de 2008 y del Papa Francisco en septiembre de 2015, estar involucrado y celebrar el establecimiento de ONU Mujeres en 2010, el desarrollo de un movimiento de sobrevivientes fundado en 2012 con una voz de defensa global y estar presente en la galería del Consejo de Seguridad en 2019 cuando Nadia Murad -una mujer yazidí- fue testigo de la primera audiencia del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la violencia sexual en los conflictos.

También recuerdo con cariño haber intervenido en paneles en la ONU y en otros lugares sobre la cuestión de la trata de personas, la protección social y el fin de la violencia contra las niñas y las mujeres, como en la reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre la evaluación del Plan de Acción Mundial de las Naciones Unidas para Combatir la Trata de Personas el 28 de septiembre de 2017.

Un momento muy memorable para mí fue el proceso de dos años que culminó en 2015 con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (2030 Agenda for Sustainable Development) y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (17 Sustainable Development Goals). Fue un momento culminante para las numerosas ONG que colaboraron con los Estados miembros en la creación de un marco mundial para el desarrollo sostenible, una hoja de ruta para el futuro. Fue una experiencia cumbre del multilateralismo en su máxima expresión.

Mis mejores recuerdos han sido cuando la Oficina de la GSIJP se ha comprometido con nuestros ministerios a nivel nacional, empoderando y facilitando a las niñas y mujeres la presentación de temas a nivel mundial que son relevantes para ellas, a través de la asistencia a comisiones y la participación como panelistas en eventos paralelos.

Ha sido especialmente gratificante para mí crear sinergias en el mundo de la incidencia a través de ocasiones en las que la Fundación Internacional Buen Pastor, ONG regionales designadas, contactos de justicia y paz o partners en la misión han recogido el guante y han asistido a eventos de la ONU, regionales o nacionales.

Por último, atesoraré los recuerdos con mis colegas de oficina - Cecilie Kern, Alexis Schutz y Kimberly Happich Moloche - con quienes me siento bendecida por haber compartido este viaje.

 

¿Cómo cree que evolucionará la Oficina del GSIJP en el futuro?  

En una Congregación que experimenta tanto una nueva vida como una disminución, creo que nuestro ministerio de defensa en las Naciones Unidas seguirá teniendo una importancia fundamental.

En la Oficina del GSIJP, cuelga una cita de la difunta australiana Hna. Barbara Davis*, que dice así

El Pastor que lucha contra el ataque devastador del lobo, incluso a costa de su vida, es una imagen mucho más desalentadora, quizá menos atractiva, que la del Pastor que busca la oveja o el cordero perdidos y los carga sobre sus hombros. Pero representa una de las tareas más necesarias de todo aquel que se precie de ser un buen pastor.

Para luchar contra el lobo, no se puede mimar al mismo tiempo al cordero. Desempeñar la función de nutrir y cuidar es muy importante, pero hay momentos en que es necesario volver la atención y entregar la propia energía a la lucha contra lo que oprime y amenaza. Es por el valor de las ovejas, porque el pastor las aprecia tanto, por lo que entra en esta lucha.[1]

Luchar contra el lobo en los sistemas y estructuras que deshumanizan y empobrecen tanto a las personas como al planeta no es tarea fácil ni apta para pusilánimes. Pero el trabajo de incidencia política, con sus interacciones largas, tediosas y repetitivas, se nutre y sostiene de nuestro cuarto voto de celo.

El compromiso significativo no es a corto plazo: este trabajo a largo plazo es una vocación dentro de la vocación. A menudo, nuestra labor de defensa puede dar pocos frutos a corto plazo, pero con un impulso sostenido, puede mover montañas.

Mi visión del papel de la Oficina en el futuro es un papel reforzado, basado en la experiencia ya adquirida, con el personal y los recursos adecuados para participar como líder en la defensa dentro del mundo de las ONG como un partner significativo en la ‘Co-creación de nuestro futuro’ dentro de la Congregación.

[1] Sr Barbara Davis, We are Caught into Mystery,  https://www.goodshepherdmyanmar.org/wp-content/uploads/2018/10/eWe-are-caught-into-this-mystery-en-Copy.pdf

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