Tras los devastadores sismos que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026, causando la muerte de 6.125 personas y dejando a casi 1.400 aún reportadas como desaparecidas, Alex Vásquez Ocampo, responsable de Comunicaciones de la Provincia de Colombia–Venezuela y de GSIF América Latina, comparte una actualización tras su reciente visita a Caracas.
La misión del Buen Pastor está presente en Venezuela desde hace más de un siglo y continúa hoy a través de la Fundación El Buen Pastor, que promueve el empoderamiento, la inclusión y el desarrollo comunitario de mujeres en situación de vulnerabilidad. En el Centro Esperanza de Caracas, Venezuela, donde las mujeres y sus familias reciben habitualmente formación y acompañamiento psicosocial y espiritual, esta labor se ha orientado —desde los sismos— hacia la atención de emergencia, incluyendo refugio, suministros esenciales, apoyo emocional y acciones de alcance comunitario en La Guaira, una de las zonas más afectadas.

Nuestra respuesta ha tomado la forma de gestos sencillos pero llenos de vida: desde una botella de agua, una sopa caliente o un refresco congelado, hasta un kit de aseo entregado en mano a cada persona. Pero, más allá de la ayuda material, llevamos una palabra de aliento y un abrazo fuerte y sincero al estilo del Buen Pastor; de esos abrazos que reconfortan y se sienten en lo más profundo del corazón. Hermanas, colaboradores y voluntarios, junto con GSIF Latinoamérica, unidos para acompañar a las personas más afectadas por el terremoto.
Ha sido una experiencia dura y dolorosa, pero, sobre todo, cargada de esperanza para un pueblo que hoy, más que nunca, necesita la unidad y el apoyo de todos.

En Caracas, el terremoto ha tocado de cerca el corazón de nuestra obra apostólica y de nuestra comunidad. Cuatro de nuestras voluntarias laicas sufrieron pérdidas significativas en sus apartamentos, los cuales requieren reparaciones mayores. Aunque la necesidad habitacional las ha empujado a regresar a sus viviendas, el daño más profundo no es estructural, sino emocional.
El miedo se ha instalado en la vida cotidiana. Las voluntarias reportan graves trastornos del sueño, la necesidad de dormir juntas en familia para mitigar la ansiedad y el temor paralizante a quedarse solas. De manera especial, la vulnerabilidad se evidencia en dos de nuestras colaboradoras, quienes, al residir en los pisos 19º y 31° , no se sienten emocionalmente preparadas para regresar. Hoy, la casa comunitaria se ha convertido en su hogar temporal, ofreciéndoles el refugio seguro que sus propios espacios aún no pueden brindarles.
Fieles al carisma del Buen Pastor, el Centro Esperanza no se ha detenido. La respuesta se despliega en dos dimensiones esenciales..

La primera consiste en continuar adelante con la distribución de alimentos esenciales y artículos de higiene personal para las familias damnificadas que se encuentran en carpas en las calles. Las partners laicas no han descansado; desde muy temprano se incorporan a la jornada diaria, demostrando entrega, trabajo y fidelidad que sostienen la operatividad del centro.

La segunda reconoce que las heridas invisibles son las que tardan más en sanar. Se han iniciado sesiones de terapia grupal junto a nuestra psicóloga, abriendo espacios de contención para las mujeres participantes de la misión. Esto se complementa con un servicio permanente de escucha y acompañamiento espiritual.
Frente a un sufrimiento desbordante que arranca de los labios de la gente la dolorosa pregunta:«¿Qué más tenemos que sufrir en este país?" las palabras humanas resultan insuficientes. Como religiosas, nuestro mayor desafío cotidiano es encarnar la presencia de Dios a través del silencio respetuoso y el abrazo contenedor. Más que cosas materiales, la gente busca un puerto seguro donde llorar y ser sostenida.
En medio de este escenario tan complejo, la generosidad se ha convertido en el reflejo más puro del amor de Dios. Cada oración constante recibida y cada mano extendida nos permiten llevar alivio y consuelo a los rincones más golpeados.
Queremos expresar un profundo agradecimiento a nuestras comunidades locales, a los bienhechores y a los laicos comprometidos. Su apoyo nos confirma que somos un solo cuerpo en la misión y que, aun en medio de las sacudidas de la tierra, la esperanza permanece firme.
El canal venezolano Globovisión entrevista a la Sra. Daisy Zoleida mientras nuestras hermanas y aliadas en la misión preparan comida y brindan apoyo a las personas desplazadas por los terremotos.






