Por la Hna. Antoinette Assaf, Directora de la Oficina de Desarrollo para la Misión, Líbano
Por cuarta semana consecutiva, el Líbano sigue sufriendo devastadoras pérdidas humanas y materiales, ya que una intensa campaña de bombardeos y ataques aéreos diarios se centra en el sur, el valle de la Bekaa, el centro de Beirut y otras zonas del país. Más de mil personas han perdido la vida y miles más han resultado heridas, además de que más de 1,2 millones de personas personas se han visto obligadas a huir de sus hogares en una de las crisis de desplazamiento más rápidas de la historia del país.
Esta destrucción física se refleja en una doble oscuridad: una externa, en la que los cortes de electricidad crónicos sumen a las ciudades en una oscuridad total al caer el sol, y otra interna, en la que el alma siente como si el futuro se hubiera disuelto en un túnel de incertidumbre.

El miedo ya no es una emoción pasajera, sino un estado permanente; la gente recorre las calles en un estado de vigilancia constante y traumática. Cada silbido en el cielo o cada ruido repentino provoca un sobresalto, ya que la muerte se ha convertido en una lotería arbitraria; nadie sabe si llegará a casa o si el edificio de al lado será el próximo objetivo.
Para quienes han huido, la lucha continúa en refugios y escuelas abarrotados, donde la supervivencia sustituye a la vida cotidiana. En estos lugares, la privacidad brilla por su ausencia, la lucha por conseguir agua potable y medicamentos es constantey la amenaza del frío es cada vez mayor, ya que las familias duermen en finas esteras en el suelo.

Quizás la carga más cruel sea el conflicto interior que supone la normalidad forzada — la necesidad de desplazarse por zonas peligrosas para ganarse la vida y alimentar a la familia, pretendiendo que todo va bien. Este estado de ánimo colectivo obliga a hablar de tareas laborales cotidianas a sabiendas de que el propio barrio puede haber sido atacado apenas unas horas antes.
Las necesidades que esto genera son inmensas, y abarcan desde productos básicos como leche de fórmula para bebés y edicamentos para enfermedades crónicas hasta el profundo apoyo psicológico que requiere una población — especialmente los niños — marcada por el zumbido constante de los drones. Sin embargo, entre los escombros, sigue habiendo un rayo de esperanza, que no se encuentra en la política, sino en la férrea solidaridad de personas desconocidas que cocinan unas para otras y en la desafiante negativa del pueblo libanés a desaparecer.
Las Hermanas del Buen Pastor y nuestros partners en la misión, presentes sobre el terreno desde los primeros días de la crisis, seguimos ampliando nuestra respuesta, adaptándonos cada día para satisfacer unas necesidades que no solo van en aumento, sino que también se vuelven cada vez más complejas.
Una respuesta que sigue creciendo
Lo que antes parecía una emergencia se está convirtiendo ahora en una realidad prolongada. La gente vive en modo de supervivencia y muchos siguen buscando estabilidad, sin saber qué les deparará el mañana.
Niños en situación de crisis: una realidad difícil de presenciar
Para la hermana Annie Kahwajian, coordinadora del proyecto de salud mental en el Centro de Salud Comunitario Saint Antoine En Roueissat–Jdeideh, el sufrimiento de los niños es uno de los aspectos más difíciles de esta crisis. Durante sus últimas visitas, le impactó lo que vio: “Muchos de los niños no llevaban calcetines… y están constantemente enfermos.”
Las condiciones de vida siguen siendo duras -espacios fríos, calefacción insuficiente y acceso limitado a los productos de primera necesidad. Las enfermedades se propagan rápidamente, mientras que las familias luchan por satisfacer incluso las necesidades más básicas. A menudo no se preparan comidas en los refugios y la rutina diaria se ha desmoronado por completo.
Más allá de estas condiciones, se vislumbran heridas más profundas. La hermana Annie habla de mujeres jóvenes a las que nunca se les dio la oportunidad de aprender o de ir a la escuela, lo que nos recuerda que la vulnerabilidad no comenzó con la guerra, sino que esta no ha hecho más que agravarla.
''Es realmente desgarrador,'' afirma, al pensar en las familias que lo han perdido todo a pesar de no haber tenido nada que ver con el conflicto.
''El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables; debemos amar a nuestro prójimo con el mismo corazón y el mismo amor que sentimos por Dios; o mejor dicho, es a Dios a quien debemos amar en nuestro prójimo..”
— San Juan Eudes
Bajo una Presión constante: Servir en medio del Miedo
Ante estas crecientes necesidades, los equipos sobre el terreno siguen trabajando a pesar de la enorme presión.
Desde el centro de atención primaria de Saint Antoine, en Roueissat–Jdeideh, la hermana Sister Hanan Youssef describe una realidad marcada por el miedo y la urgencia: “Cada día aumenta el número de personas desplazadas,'' comenta.
A pesar de la presión, el equipo sigue visitando los refugios y proporcionando atención médica, medicamentos y suministros básicos. Su atención se centra en las personas más vulnerables —personas mayores, mujeres y niños, así como en pacientes con enfermedades crónicas y mujeres embarazadas que necesitan seguimiento médico.
Aunque los recursos sean limitados, su compromiso sigue siendo el mismo: acoger y tratar a todo el mundo con dignidad. ''Ofrecemos lo que podemos, de forma gratuita y sin discriminación,'' afirma, ya que el centro presta apoyo tanto a las familias que se encuentran en centros de acogida como a aquellas acogidas por las comunidades locales.
Aferrarse a la dignidad
En todos estos encuentros, hay una verdad que se mantiene constante: esta crisis no solo tiene que ver con la pérdida de los hogares, sino con el esfuerzo por aferrarse a la salud, a la estabilidad y a la dignidad.
Detrás de cada cifra hay una persona que sufre pérdidas, miedo e incertidumbre. Sin embargo, en medio de todo ello, nuestras hermanas y colaboradoras siguen acompañándolas, ofreciéndoles no solo ayuda, sino también su presencia, su compasión y el recordatorio de que no están solas.
Apoya nuestra respuesta de emergencia de Good Shepherd en el Líbano a través de GSIF; tu ayuda marcará la diferencia para las familias desplazadas que se encuentran en situación de necesidad urgente: www.gsif.it/crisis-lebanon






