Transformadas desde adentro: Voces de las Sesiones de Liderazgo

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Transformadas desde adentro: Voces de las Sesiones de Liderazgo

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Del 26 de mayo al 9 de junio de 2026, hermanas de todo el mundo se reunieron en la Casa Madre de Angers para las segundas sesiones del Programa de Liderazgo Transformacional : un tiempo de oración, peregrinación y profunda renovación interior. A continuación, presentamos cuatro testimonios personales, cada uno con una mirada al viaje único y sagrado que emprendió cada Hermana: siguiendo los pasos de San Juan Eudes en Caen, caminando por las orillas de Noirmoutier en el espíritu de Santa María Eufrasia, entrando en la quietud del laberinto y atravesando la oscuridad del túnel hacia una nueva vida. Juntas, estas voces forman un mosaico de gracia: un testimonio de lo que sucede cuando los líderes se detienen, escuchan y permiten que Dios obre en su interior.

Una Peregrinación a Caen

El programa comenzó en un clima de interioridad y oración comunitaria, marcando la pauta para todo lo que vendría después. Para la Hermana Margarida de Portugal, la peregrinación a Caen se convirtió en una experiencia interior única. La cuidadosa preparación y la profunda inmersión que caracterizaron el programa de formación hicieron de este día un momento de liberación, aprendizaje y estabilidad interior.

Al comenzar el camino, me dije: «Regreso a mis raíces; ¡qué Gracia! Juan Eudes, acompáñame para que pueda crecer en la herencia que nos dejaste».

Al llegar a Ri, algo se conmovió profundamente en mi interior al aprovechar la oportunidad de ver, tocar y profundizar en lo que ya sabía de San Juan Eudes. Pensé: «Sabemos tanto de ti, porque nos dejaste todos estos pasos y la misión que viviste. Hoy, yo también empezaré a escribir un testimonio para describir las Gracias de Dios que recibo cada día y que pueden iluminar mi vida».

Miré la pila bautismal y pensé: «Te tomaste tu bautismo en serio, y por eso sigues siendo un signo vivo en la Iglesia y en la Congregación. ¡Gracias! Ayúdame a liderar para poder servir mejor a la comunidad y a la misión hoy. Ayúdame a dejar atrás las historias menos positivas que ya no tienen sentido».

Me tomé un momento para reflexionar: ¿Qué pienso de mi propio Bautismo? ¿Estoy en plena comunión con Jesús, el Buen Pastor? ¿Permito que se forme verdaderamente en mí? ¿Qué debo permitir que se transforme en mi interior?

El testimonio de las comunidades que nos acogieron en Caen también me enriqueció: su calidez y alegría al compartir nuestra herencia espiritual con tanta profundidad, convicción y fervor.

La gratitud es la memoria del corazón.

 Un viaje hacia el interior: Noirmoutier

Desde Caen, las Hermanas se trasladaron a las costas de Noirmoutier, donde la Hermana Myraluna, de Filipinas , recreó la vida temprana de Santa María Eufrasia. Esta peregrinación, arraigada en el paisaje y la historia de la infancia de Rose Virginie, se convirtió en un regreso a casa profundamente personal: una invitación a revivir su propia historia con honestidad, aceptación y profunda gratitud.

La peregrinación a Noirmoutier me trajo alegría, ánimo y esperanza. Recorrer los pasos de Santa María Eufrasia me invitó a regresar a mis propias raíces. Fue muy evocador. Las experiencias de su familia durante la Revolución Francesa no fueron fáciles, y sus vidas estuvieron llenas de desafíos y dificultades. Sin embargo, Rosa Virginia creció hasta convertirse en una joven fuerte y despreocupada, alguien que realmente amaba a su familia y la vida. Su visión era tan amplia, quizás porque tenía ante sí todo el vasto océano.

Esta peregrinación me permitió regresar a mi pasado, sin cortes, sin reescrituras, sin censura, simplemente para permitir y aceptar. La gratitud fue la palabra clave para mí al revisitar mi propia historia, como persona y como hermana.

Creo que no es casualidad que esté de vuelta en la Casa Madre por segunda vez. Este año celebro mis bodas de plata, y venir aquí es el mejor regalo que he recibido. Al recordar las experiencias de estos veinticinco años de vida religiosa, y más allá como hija de Dios, solo puedo proclamar la bondad de nuestro Dios Pastor. Nada sucede por casualidad. Todo es gracia y don. Todo forma parte del plan divino. Reconocí el dinamismo de mi vida: las alegrías y la emoción fueron muy reales, al igual que los desafíos y las dificultades. Todo esto me invita a crecer y a mirar hacia el futuro con esperanza y confianza.

Volver a mi propio camino también me permitió reconocer la invitación a crecer siempre en mis relaciones. Este recorrido no habría tenido sentido sin las personas que me acompañaron en el camino: aquellas que contribuyeron, influyeron, inspiraron, desafiaron y me moldearon hasta convertirme en quien soy hoy. Esta peregrinación me invita ahora a mi propia conversión en la forma en que me relaciono con los demás y los guío, mientras ellos también continúan su propio camino en la vida.

El Laberinto: Un Viaje Interior

De regreso en la Casa Madre, el laberinto se convirtió en un santuario inesperado y lleno de gracia para la Hna. Mary Virgo de Filipinas. Había llegado a la sesión cargando el peso invisible del trabajo pendiente, los plazos de entrega y las preocupaciones de la misión; lo que encontró en ese espacio sagrado fue algo completamente diferente.

Llegué a la Casa Madre como una trabajadora cansada después de un día de trabajo en el mercado. Aunque llevaba una maleta ligera, en mi mente cargaba con el peso adicional de las cosas pendientes: tareas, plazos de entrega, nuevos colaboradores en la misión; preocupaciones que sabía que serían fuente de distracción en los días venideros.

En mi segundo día, mientras paseaba, descubrí el laberinto y entré en su espacio sagrado.

«Crucemos al otro lado del lago» (Marcos 4:35) — Jesús llamó a sus discípulos después de un día de mucho trabajo. El «lago» de la Casa Madre no era un cuerpo de agua corriente, sino un terreno rebosante de colores, frutas, el dulce aroma de flores, hojas y hierba, y el aire fresco que susurraba con el canto de los pájaros. ¡Qué «lago» tan maravilloso para albergar el laberinto! Fue un respiro muy necesario con el Dios de la Creación.

Mientras emprendía mi viaje interior a través de él, cada paso se volvía más significativo, conectándome con ese espacio sagrado donde reside el Corazón Divino. Mi equipaje se aligeró, mi mente, antes desordenada, encontró paz, y poco a poco —con la gracia del Dios del Laberinto— solté aquello a lo que me aferraba con tanta fuerza.

El Túnel: De la Oscuridad a la Renovación

El testimonio final nos lleva a la que quizás sea la experiencia más impactante y simbólica del programa: el paso ritual por el túnel en la Casa Madre. Para la Hermana Julia Mary, de la India, quien ha estado de peregrinación en la Casa Madre desde abril, esta no era la primera vez que entraba en ese espacio; pero el 8 de junio, fiesta de la Beata María Droste, se convirtió en algo completamente nuevo.

La primera vez que entré en el túnel, me llené de asombro, sintiendo el coraje, el celo y la audacia de Santa María Eufrasia, cuyo corazón ardía de compasión por aquellos que más necesitaban el amor del Buen Pastor.

Aunque había pasado por el túnel muchas veces, la experiencia del 8 de junio fue diferente. Participando en el viaje ritual de la oscuridad a la luz, observé y oré por mis hermanas mientras entraban antes que yo. Cuando llegó mi turno, llevaba muchas intenciones en mi corazón; sin embargo, de pie en la entrada, todas desaparecieron. Simplemente me entregué.

Guiada a través de la oscuridad por las manos amorosas del Equipo de Liderazgo Congregacional, emprendí un viaje interior profundo. Las lágrimas llenaron mis ojos al experimentar la invitación de Dios a abrazar la renovación, a soltar la necesidad de saber y a acoger la novedad que emergía en mi interior con la gran valentía de Santa María Eufrasia. La oscuridad se convirtió en un lugar sagrado de encuentro.

En ese espacio, también me enfrenté a mi propia vulnerabilidad. Reconocí los lugares tiernos y sensibles dentro de mí y, quizás por primera vez, los abracé con voluntad y paz. Comprendí que la vulnerabilidad no es debilidad. Aunque soy vulnerable, el Dios Pastor me da la fuerza para seguir adelante con confianza, valentía y esperanza.

Al salir, sentí la bendición de la corresponsabilidad que me llenó de paz, esperanza y energía renovada para la misión. Sabía que no era la misma persona que había entrado en el túnel.

Había elegido «La Llamada» » como himno de fondo para aquel momento lleno de gracia. Desde entonces, sus palabras se han convertido en una oración que continuamente me trae de vuelta a aquel momento sagrado de confiar en lo desconocido. La pregunta que plantea aún resuena en mi corazón:

«¿Vendrás y me seguirás si tan solo te llamo por tu Nombre?
¿Irás a dónde no conoces y nunca volverás a ser la misma?»

El túnel se convirtió en algo más que un pasaje. Se convirtió en un umbral, invitándome a confiar, a entregarme y a avanzar con esperanza hacia la novedad que Dios está desplegando en mí.

Estos cuatro testimonios, cada uno distinto en su contexto y experiencia, comparten un hilo conductor: una apertura a dejarme conmovider, ser transformadas y renovadas. El Programa de Liderazgo Transformacional no es simplemente un curso de capacitación, es una invitación al encuentro. Y como estas hermanas lo han demostrado, cuando esa invitación se acepta con un corazón dispuesto, la transformación continúa su camino.

 

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