La formación comienza en el interior: las hermanas Brigitte y Olivia reflexionan sobre un proceso transformacional

La formación comienza en el interior: las hermanas Brigitte y Olivia reflexionan sobre un proceso transformacional

La formación comienza en el interior: las hermanas Brigitte y Olivia reflexionan sobre un proceso transformacional

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La Hna. Brigitte Thimbane Ndione , de Senegal, y la Hna. Olivia Ja Sein , de Myanmar, completaron recientemente el “Programa de Formación de Formadores” de seis meses de duración de la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales). Ambas contaban con experiencia en el apostolado de formación y el deseo de acompañar más eficazmente a otras personas. Sin embargo, el programa les invitaba primero a examinar sus propias vidas, profundizando en su autoconocimiento, su relación con Dios y su capacidad para acompañarlas personas con libertad y compasión.

Mientras se preparan para retomar sus apostolados, las hermanas reflexionan sobre lo que ha cambiado en su interior y cómo esta transformación influirá en su manera de acompañar.

Al llegar al final de este período formativo, ¿qué es lo que ha cambiado más profundamente en tu interior?

Hna. Brigitte: Este programa de formación ha cambiado profundamente mi relación con Dios, conmigo misma y con los demás. Ha sido un segundo noviciado en mi vida, después de varios años siguiendo a Jesús el Buen Pastor y en un momento en que más lo necesitaba.

“En efecto, durante el retiro en Nemi, me sentí abatida como Pablo en el camino a Damasco. Supuso un punto de inflexión en mi vida, como persona y como mujer consagrada.

Puedo decir que tengo la alegría de aceptarme tal como soy y en proceso de conversión . Me siento transformada y reconfortada por este amor de Dios, y el sentido de mi vida consagrada es continuar siendo una sierva amada y amorosa, agregó la Hna. Brigitte.

Hna. Olivia: El programa de la UISG fue un proceso transformativo de autodescubrimiento que reafirmó mi propósito en la vida y profundizó mi comprensión de la conexión entre los seres humanos. Gracias arelación en el l valioso intercambio personal y a la sólida camaradería del grupo, me sentí realmente apoyada en mi crecimiento. El módulo de “Creación y dinámica de grupos” me inspiró en particular para aceptar mi desgarramiento interior y...“repararlo con oro”.

En definitiva, esta experiencia me proporcionó estrategias prácticas, rpara poder confrontarme, renovar mi fe en presencia de Dios en medio de la imperfección y reafirmar que la verdadera esencia de la vida es amar y ser amada. Impulsada por estos descubrimientos, me siento motivada a transformarme e inspirar a los demás.

¿Cómo llegaste a participar en el programa y qué fue lo que más te impactó cuando lo empezaste?

Hna. Brigitte: Me atrajo este programa porque quería encontrar maneras de ayudar mejor a quienes tengo bajo mi responsabilidad en su propia formación.

Desde el primer día, a través de las diversas actividades de orientación, percibí algo diferente en el enfoque, y eso me llevó a embarcarme en el proceso de transformación. Posteriormente, la primera sesión sobre la creación y dinámica de equipos confirmó mi convicción en torno al proceso de transformación, y me vi arrastrada por el mismo cuestionada.

Hna. Olivia: Inicialmente, solicité esta capacitación por sugerencia de la Animadora de mi Provincia. Consideré el curso como una oportunidad para actualizar mis habilidades profesionales y honrar el principio de que la formación es un camino que dura toda la vida.

Creo sin duda que la formación eficaz de los las personas comienza con la autoformación; cuanto más me descubro a mí misma, mejor puedo guiar a quienes me rodean. En definitiva, este curso amplió mi autoconciencia.

¿De qué manera te ayudó el programa a crecer a nivel personal, espiritual y emocional?

Hna. Brigitte: Durante todas las sesiones, me sentí como un limón que está siendo exprimido por todos lados. Se “diagnosticaron” diferentes aspectos de mi vida, culminando en el proceso de evaluación psicológica. Esto me permitió profundizar en mi camino personal y de fe para poder vivir de forma más “libre, plena y amorosa” para contemplar mis fisuras y encontrarme con Dios allí, para quien ninguna parte mía es defectuosa.

He experimentado a Dios de una manera diferente: su cercanía a través de la variedad de formas de oración, su amor por toda la creación —incluyéndome a mí— y su realidad como el Dios Trino, que es relación, hospitalidad y atracción.

En mi vida de 'hacer' —con la que había llegado a identificarme— reaccionaba a las cosas reprimiendo mis sentimientos. Al darme cuenta de que cada emoción es una mensajera, comencé a identificarlas, a nombrarlas, a acogerlas, a captar su gracia inherente, a profundizar para comprenderme a mí misma, a dejar de reaccionar y a experimentar seguridad emocional.

Hna. Olivia: Los organizadores de este programa de formación cultivaron un “espacio seguro” inclusivo que me sirvió de faro guía en mi camino, equilibrándome a través de evaluaciones de crecimiento, mentoría, grupos de integración y oración reflexiva. El retiro en Nemi profundizó esta transformación, revelando la oración como una conexión activa con Dios y una presencia que se encuentra en lugares inesperados.

Gracias al programa, alcancé más claridad sobre la vida consagrada —entiendo la sexualidad como una capacidad sagrada para la relación y el amor tierno, el celibato como su expresión intencional y la comunidad como un proceso sinodal donde cada voz tiene cabida. Aprender a nombrar mis experiencias y a establecer límites saludables me liberó de la confusión del pasado, empoderándome para vivir con plenitud, libertad y amor. Inspirada por el legado de las santas, me comprometo a servir con gran amor, honrando la gracia de Dios y contribuyendo a una comunidad más fortalecida y cohesionada.

¿Cómo ha transformado el programa tu comprensión del liderazgo y del rol de una formadora?

Hna. Brigitte: El apostolado de formación es una práctica de amistad, un camino de construcción de relaciones a través de conversaciones formativas marcadas por la vulnerabilidad, la libertad interior, la empatía y la escucha profunda.

La persona formadora acompaña al individuo en su proceso, caminando a su lado, pues el Espíritu Santo es el principal formador, y Dios obra con y a través de nuestra humanidad, no al margen de ella.

La formadora está llamada a ejercer su autoridad no como un “poder por encima” de aquellos que le han sido confiados, sino como un medio para empoderarlos.

Hna. Olivia: Existe una profunda interrelación entre el liderazgo y la formación. Todos asumimos un rol de liderazgo, ya sea en la comunidad o en la misión, fundamentalmente sobre nosotros mismos. Este curso reafirmó que el liderazgo auténtico está arraigado en el servicio, mientras que la formación —más que un destino final— es una transformación que se prolonga toda la vida.

En mi apostolado de formación, reconozco la importancia esencial de la actualización personal continua, la colaboración en equipo, la escucha activa y la creación de espacios seguros. El desarrollo personal requiere dirección y supervisión espiritual continuas, por lo que la mentoría regular es indispensable. Experimentar la presencia activa de Dios en la vida cotidiana me empodera para aceptar mi vulnerabilidad y afrontar las dificultades de la vida con alegría y resiliencia.

Centrada en un estilo de vida de contemplación, estoy invitada a reflexionar en profundidad sobre las experiencias cotidianas, fomentando una inmensa gratitud, un claro sentido de propósito y una unión más íntima con Dios, el prójimo y toda la Creación.

¿Qué aprendiste al vivir y aprender en una comunidad intercultural?

Hna. Brigitte: ¡Tantas culturas a la vez! ¡Impactante! Vivir y aprender junto a varias hermanas de diferentes culturas me ha enseñado a tener paciencia, experimentar la vulnerabilidad, ser creativa al conectar con otras culturas, tomarme el tiempo para escuchar a las demás para poder oír su verdad y, finalmente, maravillarme ante la riqueza que surge de la diversidad.

Durante seis meses, experimenté la universalidad de la Iglesia y cómo los carismas se manifiestan en cada contexto. Sentí aún más hondamente la gran responsabilidad que conlleva la vida consagrada de dar testimonio de la comunión y de vivir la sinodalidad.

Hna. Olivia: Al principio, generar confianza entre culturas diversas requirió un esfuerzo conjunto, pero rápidamente reveló la belleza singular de cada nacionalidad y Congregación. Escuchar a las demás compartir sobre sus espiritualidades, carismas y misiones globales específicas me hizo valorar aún más mi aprecio por la vida religiosa y la fe perdurable de nuestros fundadores y fundadoras.

La alegría de celebrar nuestra diversidad compartida durante el Día de la Cultura reforzó la idea de que la convivencia intercultural es esencial a medida que avanzamos hacia la formación en común. Dada mi experiencia previa en Filipinas, este programa me ha inspirado a valorar mi propia herencia cultural al tiempo que honro y respeto las culturas de otras personas.

Al regresar a su apostolado, ¿qué aspectos de esta experiencia se llevará consigo?

Hna. Brigitte: Tengo una idea más nítida de quién soy y de mi potencial actual. Sin embargo, el proceso continúa, ya que siempre hay aspectos que mejorar; seguiré avanzando porque la vida no es lineal.

Hoy, estoy progresando —y sigo hacia delante— de un estado de querer hacer más, de estar distraída, a un ritmo más pausado, para poder caminar en la presencia de Dios de la mano de los demás, mis compañeras en la gracia. Por todo esto, doy gracias a Dios y agradezco a la Congregación por brindarme esta oportunidad.

Hna. Olivia: Aunque intenso en ocasiones, este programa de seis meses me ha motivado con valiosas enseñanzas prácticas para el apostolado de formación y más allá. Retomo mi labor con renovado coraje, confianza y la profunda convicción de que el autocuidado es esencial, tanto para las formadoras como para las formandas.

He aprendido que la práctica personal de la formadora tiene más peso que la enseñanza; nuestra misión principal es acompañar a las formandas hacia una madurez semejante a la de Cristo, integrando su desarrollo humano, espiritual, intelectual y pastoral dentro de un ambiente de seguridad y confianza. Basándome en el silencio, la autorreflexión continua y la gratitud hacia quienes apoyan mi propio crecimiento, me siento capacitada para guiar a otros en su trayectoria vocacional.

 

Tanto la Hna. Brigitte como la Hna. Olivia Ja Sein están profundamente agradecidas a Dios, a la comunidad de la UISG, al Equipo de Liderazgo de su Unidad, al Equipo de Liderazgo de la Congregación, a la comunidad del Generalato y a sus hermanas, mentoras y compañeras por esta enriquecedora experiencia.

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