Por Kaitlyn Holdmeyer, Gerente de Comunicaciones, Región de EE. UU.-Toronto
Cuando la Hermana Madeleine Munday comenzó a planear su año sabático después de 14 años como Superiora Provincial de la antigua Provincia de América del Norte Central, sabía que quería algo más que descansar. Buscaba una manera de profundizar su compromiso con la compasión y poner en práctica sus valores. "Buscaba una forma de llevar mi veganismo ético a la práctica, más allá de lo que comía", explica.
Esa búsqueda la llevó a Un Santuario Vivo (One Living Sanctuary) un santuario de animales sin fines lucrativos dedicado a crear una comunidad pacífica donde toda forma de vida es tratada con bondad, compasión y respeto. La misión del santuario integra el cuidado de los animales, la sostenibilidad ambiental, la educación, el humanitarismo y la espiritualidad. En las 120 hectáreas del santuario, vacas, caballos, cerdos, cabras, gallinas, patos, palomas, gatos y un pavo rescatados viven libres de daño y explotación.
Tras descubrir que el santuario ofrecía prácticas con alojamiento, presentó una solicitud en la que se describía simplemente como "una religiosa católica, de la tercera edad, vegana, sin experiencia agrícola, dispuesta a aprender y a trabajar". La respuesta de la Fundadora, la veterinaria Doctora Faith Albright, fue inmediata: "Serás bienvenida en nuestra Comunidad". Esta bienvenida marcó el inicio de una experiencia que sigue transformando su comprensión de la compasión, la contemplación y la sagrada interconexión de toda la creación.
Una comunidad arraigada en la compasión
Las palabras "Gracia Infinita" dan la bienvenida a los visitantes desde la entrada de la casa principal, una introducción apropiada a un lugar donde cada aspecto de la vida diaria se rige por el respeto a la vida. Desde el momento en que cruzó la puerta, la Hermana Madeleine se sintió inmersa en una comunidad que describe como "acogedora, abierta, segura, respetuosa, amable, armoniosa y trabajadora»".

Encontrar a Dios en el ritmo de la vida diaria
La vida en OLS sigue un ritmo sencillo pero significativo. Cada día comienza con un desayuno comunitario, donde los pasantes y el personal se reúnen para repasar las responsabilidades del día. Después, cada uno se dispersa para realizar sus tareas: alimentar a los animales, regar los jardines, acarrear agua, limpiar, reciclar y mantener la propiedad. Una de las responsabilidades favoritas de la hermana Madeleine es llevar la comida a los animales. "Todos saben cuándo es la hora de comer, y cada uno tiene sus propios rasgos y comportamientos".
Para la Hermana Madeleine, muchas de estas tareas se han convertido en oportunidades para la reflexión y la solidaridad. Preparar cubos de comida para decenas de animales cada día la conecta con el trabajo, a menudo invisible, de los trabajadores agrícolas cuyos esfuerzos llevan alimentos a las mesas de todo el mundo. Transportar cubos de agua por la propiedad le recuerda a las mujeres de muchas partes del mundo que realizan la misma tarea a diario para sus familias, a menudo recorriendo distancias mucho mayores. "Agradezco cada gota de agua fresca y reciclada en este clima árido”, añade.
Rodeada de animales, plantas y cielos abiertos, la hermana Madeleine ha encontrado una profunda conexión entre el trabajo diario y la contemplación. "La mayor parte de mi trabajo la realizo en soledad y mucho al aire libre", reflexiona. "El silencio y el ritmo de las tareas han sido un regalo para la contemplación. No hacen falta palabras, o casi ninguna. ¡La creación de Dios es más que suficiente!".
Vivir en el santuario también ha profundizado la conciencia de la hermana Madeleine sobre la responsabilidad ambiental, como por ejemplo, al presenciar la cantidad de alimentos que se desperdician en Estados Unidos. "Los productos que recibimos son desechados por las tiendas debido a la fecha de caducidad, algún pequeño defecto o simplemente por exceso", comenta. En el santuario, sin embargo, nada se desperdicia. Los alimentos nutren tanto a animales como a humanos, y lo que sobra se composta y se devuelve a la tierra.
Esperanza para el futuro
Las lecciones más inesperadas de este año sabático han venido directamente de los animales que viven en el santuario. “He aprendido que los animales existen por derecho propio y que no debo esperar de ellos más que su presencia y libertad”, dice la hermana Madeleine. “Lo primordial es el cuidado y la preocupación por cada animal, para que cada uno pueda vivir su vida en paz”, añade.
La Hermana Madeleine reconoce que muchas de las lecciones aún están en desarrollo. Espera llevarse a casa un compromiso renovado de pasar tiempo en la naturaleza y de cultivar el equilibrio entre trabajo, descanso y reflexión. Enfatiza: "¡Tómense descansos y días libres!".
En medio de las colinas de California, rodeada de animales rescatados y la belleza del mundo natural, la hermana Madeleine está redescubriendo lo que significa vivir con reverencia, gratitud, esperanza y un acto de bondad a la vez.
''Experimento los valores del Buen Pastor cada día de forma tangible en el entorno de OLS”, afirma. ''Compasión, sostenibilidad, respeto por toda vida, dignidad, fervor, empoderamiento, defensa, misericordia y reconciliación. ¡Gracias, querida Región de EE. UU.-Toronto, por este extraordinario regalo de año sabático!"






