La hermana Donana Xavier de Angola y la hermana Emilia Daniel Martins de Mozambique pasaron nueve meses en el Generalato en Roma, llevando a cabo unas prácticas en la Fundación Internacional del Buen Pastor (GSIF por sus siglas en inglés). Ahora que regresan a sus países de origen, al finalizar el 2025, la Oficina de Comunicaciones entrevistó a las hermanas acerca de sus experiencias y esperanzas para el futuro.
¿Qué actividades apostólicas se llevan a cabo en su país?
Hna. Donana. La misión del Buen Pastor Angola está profundamente enraizada en el acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad, especialmente mujeres, niños y jóvenes, a través de la educación, salud, promoción social y cuidados pastorales. Nuestra misión responde a las realidades concretas como la pobreza, acceso limitado a una educación de calidad, y servicios de saludo, desempleo y desigualdad social.
A través de las escuelas, programas comunitarios e iniciativas pastorales, trabajamos por la promoción de la dignidad humana, el desarrollo integral y la esperanza; siempre inspiradas por el Evangelio y el carisma de Sta. Maria Eufrasia y San Juan Eudes. Llevamos a cabo la misión en estrecha colaboración con las comunidades locales, partners en la misión y otros programas participantes, para responder a las necesidades más urgentes de las personas.
Hna. Emilia. Esta Mozambique, trabajamos con comunidades vulnerables, especialmente mujeres y jóvenes. La misión se centra en la protección, capacitación y mejoras en las condiciones de vida. Se apoya a las mujeres y las adolescentes para que estén seguras, adquieran habilidades y se ganen la vida. Este servicio se lleva a cabo con el apoyo de la GSIF, que promueve dignidad, justicia y brinda atención a las personas vulnerables.
¿Qué esperaba conseguir con sus prácticas en GSIF?
Hna. Donana. Deseaba realizar unas prácticas en la GSIF debido a mi profundo deseo de fortalecer mi capacidad en gestión de proyectos, recaudación de fondos y cooperación internacional al servicio de la misión.
Esperaba que la experiencia me ayudara a comprender mejor cómo la solidaridad internacional funciona en la Congregación y cómo se movilizan los recursos para responder efectivamente a las necesidades de la misión. También esperaba crecer profesional y espiritualmente, adquiriendo habilidades que pudieran aplicarse directamente para apoyar proyectos sostenibles en Angola y en el resto de África.
Hna. Emilia. Quería aprender de una organización internacional que trabaja por la justicia social, y adquirir nuevas habilidades que me sirvieran para ayudar a las personas vulnerables de Mozambique, como la planificación de proyectos, el trabajo en equipo y la movilización de recursos. También esperaba crecer personal y espiritualmente al vivir y trabajar en una nueva cultura.
¿Qué retos le supuso adaptarse a un nuevo entorno cultural?
Hna. Donana. Adaptarse a la vida y al trabajo en Italia supuso retos como las barreras lingüísticas, las diferentes formas de comunicación, los ritmos de trabajo y las expresiones culturales. En ocasiones, esto requirió paciencia, apertura y humildad.
Sin embargo, estos retos se convirtieron en oportunidades para crecer, me ayudaron a desarrollar una mayor flexibilidad, una sensibilidad intercultural y una confianza más profunda en Dios. Espiritualmente, la experiencia fortaleció mi sentido de la universalidad de la Congregación y me ayudó a apreciar la diversidad como un don que enriquece la misión y la vida comunitaria.
Hna. Emilia. Uno de los desafíos fue el idioma y las diferentes maneras de comunicación. Al inicio no fue fácil entender todo. Esto me enseñó a ser paciente y a ser una oyente activa. Otro reto fue adaptarse a los diferentes estilos de trabajo y a la rutina diaria, de aquí aprendí la flexibilidad y la apertura. Estar lejos de mi país y de mi comunidad también fue difícil. Estos retos me ayudaron a fortalecerme, a estar más abierta y a confiar más en Dios.
¿Qué recuerdos le han dejado huella?
Hna. Donana. Una de las experiencias más significativas ha sido trabajar en estrecha colaboración con las hermanas y partners en la misión que están profundamente comprometidos con la justicia, la solidaridad y la misión del Buen Pastor. El espíritu de colaboración, respeto mutuo y compartir responsabilidades fue muy enriquecedor.
Los Encuentros con personas de diferentes países y culturas me ayudaron a ver la misión desde una perspectiva global y reforzaron en mi la importancia de trabajar juntos como un cuerpo, unidos por el mismo carisma y misión.
Hna. Emilia. Una de las experiencias más importantes fue el trabajar con las hermanas y partners en la misión de todo el mundo. Aprendí mucho en las reuniones, cursos de capacitación y reflexiones compartidas. El planificar juntos los proyectos me enseñó la importancia de la colaboración y la participación. Las conversaciones espirituales con las hermanas fortalecieron mi fe y motivación.
¿Qué nuevas habilidades pondrá usted en práctica en sus apostolados futuros?
Hna. Donana. Las prácticas contribuyeron significativamente a mi formación profesional, ya que me dotaron de habilidades prácticas en la redacción y seguimiento de proyectos, la elaboración de informes y la comprensión de los requisitos de los donantes. Me ayudaron a comprender la importancia de la planificación, la rendición de cuentas y la transparencia en nuestra labor misionera.
Estas habilidades son esenciales para fortalecer la capacidad de la misión en Angola, lo que nos permite presentar proyectos bien estructurados y responder de manera más eficaz a las necesidades de las poblaciones vulnerables.
Hna. Emilia. Las prácticas me ayudaron a desarrollar habilidades en gestión de proyectos, comunicación y trabajo en equipo. Aprendí a planificar actividades con las comunidades y brindarles un mejor apoyo. Estas habilidades me serán muy útiles para la misión en Mozambique y nos ayudarán a alcanzar mejores resultados en nuestro trabajo.
¿Cómo visualiza la misión del Buen Pastor y cuáles son sus esperanzas para el futuro?
Hna. Donana. Esta experiencia ha ampliado mi visión sobre el futuro de la misión, ya que me ha ayudado a pensar de forma más estratégica y sostenible. Ha puesto de relieve la importancia de integrar las realidades locales con el apoyo y las colaboraciones a nivel internacional.
Las necesidades más urgentes que espero poder abordar incluyen el acceso a una educación de calidad, la atención sanitaria y la formación profesional, así como el fortalecimiento de mujeres y jóvenes. El incremento de las capacidades locales, así como la creación de proyectos sostenibles son prioridades esenciales para el futuro de la misión.
Personalmente, espero seguir creciendo en compromiso, competitividad y disponibilidad para servir dondequiera que la misión me llame. Confío en que, bajo la guía del Espíritu, nuestros esfuerzos compartidos contribuirán a transformar vidas y a construir una sociedad más justa y digna.
Hna. Emilia. Esta experiencia me ayudó a desarrollar una visión más amplia de la misión, en la que las mujeres y jóvenes estén más capacitadas y puedan participar más en el ejercicio del liderazgo. Deseo utilizar lo que he aprendido para apoyar a las comunidades vulnerables y trabajar con otras personas para construir una sociedad más justa y solidaria. Las necesidades más urgentes son las oportunidades económicas para las mujeres, la protección de las personas vulnerables y un fuerte apoyo comunitario. Mi esperanza es seguir sirviendo a la misión con compromiso y compasión.
Más información sobre la Fundación Internacional Good Shepherd aquí.





